23 de julio de 2011

Viajar en Capital

Vieron (o leyeron, en su caso) que ayer fui a la Feria del Libro? Estuvo buenísima, aunque no me compré nada (lo bueno de no haberme comprado nada es que me quedé con los $100 que me dieron para cubrir gastos). Lo malo fue el viaje. Les cuento? Aunque me digan que no, les cuento igual...

Fui con una amiga y su mamá (aclaro: la mamá, Pato, es amiga de mi tía, y yo soy amiga y compañera del cole de su hija, Agus Pérez -que es un seudónimo-). Fuimos caminando hasta la estación de Padua, que nos queda cerca. Eran las 11:30, más o menos, cuando tomamos el tren. ESTÁBAMOS EN LAS PUERTAS DEL INFIERNO: al lado de la puerta que da al furgón. Bien apretadas, por supuesto.
Además, nos llegaba un hermoso olor a porro... nos preguntábamos si saldríamos de allí con los efectos. Gracias a Dios, salimos normales.

En Once, tomamos el colectivo (no me acuerdo cuál), y, como había dos asientos libres, me senté con Agus y charlamos del territorio porteño. A ella le gustaba; en cambio, yo lo odiaba. En un momento, suben dos mocositos malcriados, de más o menos 5 años, y protestaban porque no había asientos. Nosotras no les hicimos caso. 
"Paaaaaaaaaapiiiiiiiiiiiii, nezezito zentarme. Dezilez que noz den un aziento, pod favoooooooooood!! Me duelen miz piez...", eran insoportables. Les dolían los pies y habían subido hace 15 segundos. Nosotras viajamos paradas con los faseros y no nos quejamos! No sé quién hacía más escándalo: la nena o el varón. Entonces una vieja (no sé si lo era, pero se veía vieja), reclamaba en voz alta:
"Ahí hay dos pibas sentadas que deberían darles el asiento..."
Nada. Vieja metida, ¿para qué nos critica?
"Porque hay gente que de verdad necesita los asientos..."
Me paré un segundo, sólo para darles ilusión a los mocosos y revisar si alguien que lo necesitara de verdad estaba en la espera. La embarazada estaba sentada, el viejito estaba sentado... yo me volví a sentar; no sin antes hacerle una sonrisita cínica a la vieja, diciéndole con la mirada "los que tienen menor capacidad de movimiento están sentados... no se queje!"
"Qué gente desconsiderada... los que necesitan el asiento están esperando mientras que los demás van muy cómodos"
Me estaba por enchufar los auriculares y cerrar los ojos, pero Pato nos avisó que en la siguiente parada bajábamos. E hice una de mis maldades: miré a una chica, y le dije "vení... sentate". Le dí mi asiento, y la chica viajó cómoda. Yo quedé semi-feliz, porque al asiento de Agus lo agarraron los mocositos. Pero se sentaron los dos en ése y se venían peleando. "PAPIIIIIIIII, NO ME DEJA LUGAR!!". Cuando le dí mi asiento a la chica, la vieja me miró con una cara de bronca... yo susurré "Señora, hay maneras más corteses de pedir asientos... la suya no fue una de ésas". No sé si me escuchó. Al bajar, le hice otra sonrisa descarada. Sé que abrí bien los ojos, mi cara fue más o menos así:
(De verdad, cuando vi ésta foto pensé que serviría de ilustración para éste momento. Lástima que se tapó la sonrisa, sino hubiera sido más ilustrativa)


No voy a contar todo lo que sucedió en la feria, porque se aburrirían. Con saber que no compré nada, les basta. Y con que me cansé de ver niños, TAMBIÉN.

3 comentarios:

  1. Aaajjjj, dios. Viviste uno de mis "días normales". Lo que tiene de bueno la ciudad es que te endurece. Yo hace unos años, hubiese hecho lo mismo que vos. Ahora hubiera armado un escándalo y le hubiese dicho de todo a la vieja. Cuando vivís cosas así todos los días, la térmica te salta enseguida.
    Qué vieja de mierda, posta. Esos que se ponen de "voceros de la humanidad".
    Te felicito por darle el asiento a la chica, estuviste de 10!! =)

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  2. Por cierto, hice mal en no haber advertido en mi blog que (a no ser que seas fumador) NUNCA tenés que viajar en el furgón, ni en ninguno de los dos vagones que están junto al furgón.

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  3. Mechi, el tren venía hasta las ya-sabés-qué, y nuestra capacidad de movernos (y de respirar también) era escasa. Olvidé contar que, en el tren, una mujer con una mochila de ésas de campamento se paró entre nosotras a buscar su celular porque la estaba llamando su hijo (casi me caigo encima de una vieja con cara de pocos amigos).

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